Juventud y Violencia

Publicado el 8 marzo 2010 · Publicado en DEBATE PÚBLICO

Dr Menendez LealEl procurador adjunto para la Defensa de los Derechos Humanos, Doctor Salvador Menéndez Leal, le brinda a opinandoenelsalvador.com la oportunidad de conversar con su coordinador, Rafael Ernesto Góchez, acerca de un tema tan delicado y urgente como es el de la violencia social en El Salvador, particularmente la relacionada con la delincuencia juvenil y los derechos humanos.

Naciones Unidas plantea que la delincuencia juvenil es un problema grave en todo el mundo. Su intensidad y gravedad depende básicamente de la situación social, económica y cultural de cada país. Con todo, hay pruebas fehacientes de que a nivel mundial ha aumentado la delincuencia juvenil conjuntamente con la recesión económica, en especial en sectores marginales de los centros urbanos. En muchos casos, los jóvenes delincuentes son “niños de la calle”, que han estado expuestos a la violencia en su medio social inmediato, como testigos o como víctimas. Su nivel de instrucción básica es, en el mejor de los casos, deficiente; con demasiada frecuencia su socialización primaria en el seno de la familia es inadecuada, y su medio socioeconómico está conformado por la pobreza y la miseria. En vez de apoyarse exclusivamente en el sistema de justicia penal, la prevención de la violencia y el delito debería incluir medidas para promover la igualdad y la justicia y para luchar contra la pobreza y reducir la desesperanza de los jóvenes.

Rafael Ernesto GóchezDentro de las propuestas de acción hay algunos sectores que se inclinan por la represión a gran escala. No obstante, Naciones Unidas www.un.org/youth sugiere que los gobiernos deberían dar prioridad a las cuestiones y problemas de la delincuencia juvenil, prestando particular atención a las políticas y programas de prevención. Las zonas rurales deberían contar con oportunidades y servicios administrativos y socioeconómicos adecuados que permitan disuadir a los jóvenes de emigrar hacia zonas urbanas. Los jóvenes de las zonas urbanas pobres deberían contar con programas concretos de educación, empleo y esparcimiento, en particular durante las vacaciones escolares. Los jóvenes que han abandonado la escuela o que proceden de hogares deshechos deberían contar con programas sociales específicos que les ayudaran a mejorar su autoestima y su confianza para convertirse en adultos responsables.

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